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sábado, 17 de mayo de 2014

EXPLICACION DE LA TABLA DE ESMERALDA

POR HORTELANO (HORTULANO)
 
NOTA PRELIMINAR 
Nos congratulamos en poder ofrecer a los lectores de SYMBOLOS la siguiente explicación a la Tabla de Esmeralda de Hermes Trismegisto. Sin duda, el contenido de este texto será de un extraordinario valor para quien se interese especialmente en los temas de la tradición hermético-alquímica, entre otras razones porque en la Tabla de Esmeralda se encierra lo esencial de la inmemorial ciencia de los Filósofos herméticos. A este respecto, es significativo que el nombre de Esmeralda recuerde la piedra de origen celeste con que fue tallada la copa del Grial, el cual es uno de los símbolos que designan el propio Conocimiento o Gnosis, al que también se refiere la "Piedra Filosofal" de los maestros alquimistas. Del autor de esta explicación, Hortelano, poco se sabe. En su obra La Hermandad Rosa Cruz el historiador A. E. Waite menciona a un tal Ortholanus, alquimista parisino del siglo XIV, autor de una Alquimia Práctica y de unos comentarios a la Tabla de Esmeralda. Asimismo, Julius Evola, en su libro La Tradición Hermética, cita a Ortulano y los Comentarios a la Tabla Esmeraldina, los cuales aparecen incluidos en la Bibliothèque des Philosophes Chimiques, recopilación de textos y autores alquímicos realizada por Salmon en el siglo XVIII. Pero quién estaba detrás del nombre de Hortelano continúa siendo un enigma, lo cual no es raro entre los adeptos del Arte Regia, que con frecuencia eran hombres que realizaban su trabajo interno en el secreto del anonimato y en el silencio, roto tan sólo por la publicación de obras que, como ésta, eran el resultado de sus propias reflexiones y experiencias en el camino del Conocimiento. La traducción del texto la hemos realizado a partir de una edición facsímil publicada hace algunos años por Ediciones Jobert, de París, dentro de su colección "Biblioteca Esotérica". Hemos incluido algunas notas a fin de acompañar la lectura con referencias a otros textos alquímicos, y complementándolos en lo posible con la simbólica universal, a la que ciertamente pertenecen. Francisco Ariza 
Daniel Stolcius, Viridarium Chymicum. 1624.
Daniel Stolcius, Viridarium chymicum
Francfort, 1624

 
LA TABLA DE ESMERALDA DE HERMES TRISMEGISTO, PADRE DE LOS FILOSOFOS
    En verdad, sin mentira y ciertamente: 
    Lo de abajo es como lo de arriba, y lo de arriba es como lo de abajo, para obrar los milagros de una sola cosa. 
    Así como todas las cosas han sido hechas, así proceden de uno, por la meditación de uno, también todas las cosas nacen de esta cosa única por adaptación. 
    Su padre es el Sol, y su madre la Luna, el Viento lo llevó en su vientre, y su nodriza es la Tierra. El padre de todo, el telesma del mundo, está aquí. Su fuerza o potencia es entera cuando se convierte y cambia en tierra. 
    Separa la Tierra del Fuego, lo sutil de lo espeso, dulcemente y con gran cuidado. Sube de la Tierra al Cielo, y de nuevo desciende a la Tierra, para recibir la fuerza de las cosas superiores e inferiores. 
    Por este medio tu poseerás la gloria de todo el mundo, y la oscuridad se alejará de ti. 
    Esta es la fuerza fuerte de toda fuerza, pues ella vencerá todo lo sutil, y penetrará todo lo sólido. 
    De esta manera ha sido creado el mundo. 
    Por ello, y de este modo, se obrarán aplicaciones prodigiosas, de las cuales el medio está aquí. 
    Por eso yo he sido llamado Hermes Trismegisto, pues poseo las tres partes de la Filosofía de todo el mundo. 
    Terminado y acabado está lo que he dicho de la obra del Sol.
PREFACIO
Alabanza, honor, gloria os sean dadas por siempre, ¡oh Señor Dios todopoderoso!, con vuestro amadísimo hijo, nuestro Salvador JESUCRISTO, único Dios verdadero y hombre perfecto, y el Espíritu Santo Consolador, Trinidad Santa que es el Dios único, os doy las gracias porque después de obtener el conocimiento de las cosas pasajeras de este mundo, nuestro enemigo, vos me lo habéis quitado gracias a vuestra gran misericordia, a fin de que no sea pervertido por las voluptuosidades engañosas. Y porque veo a muchos de los que trabajan en este Arte que no siguen el recto camino; yo os suplico ¡oh mi Señor, mi Dios!, que os plazca que pueda apartarme de este error por la ciencia que me habéis dado, mis muy queridos y bienamados; con el fin de que habiendo conocido la verdad, ellos puedan alabar vuestro Santo Nombre, que es eternamente bendito. 
Así, pues, yo, Hortelano, es decir Jardinero, así llamado a causa de los Jardines marítimos, indigno de ser llamado discípulo de Filosofía, movido por la amistad que profeso a mis muy queridos, deseo poner por escrito la declaración y explicación cierta de las palabras de Hermes, padre de los Filósofos, aunque ellas sean oscuras, y declarar sinceramente toda la práctica de la verdadera obra. Y ciertamente de nada sirve a los Filósofos querer ocultar la ciencia en sus escritos cuando la doctrina del Espíritu Santo opera. 
Portada facsímil del Tratado.
 
CAPITULO PRIMERO
El Arte de la Alquimia es verdadero y cierto
EL FILOSOFO dice: En verdad, a saber que el Arte de Alquimia ha sido dado Sin mentira ( 1 ); y dice esto para convencer a los que afirman que la Ciencia es mentirosa, es decir, falsa. Ciertamente, esto es, experimentado, porque todo lo que se experimenta es cierto ( 2 ). Es verdadero, porque el muy verdadero Sol es procreado por el Arte. 
El dice muy verdadero al superlativo, porque el Sol engendrado por este Arte supera a cualquier Sol natural en todas sus propiedades, tanto medicinales como otras. 
 
CAPITULO II
La Piedra debe dividirse en dos partes
A continuación él aborda la operación de la Piedra diciendo: Lo de abajo es como lo de arriba. Dice esto porque la Piedra está dividida en dos partes principales por el Magisterio; a saber, en la parte superior que sube hacia lo alto y en la parte inferior que permanece abajo, fija, clara. Y siempre estas dos partes se armonizan virtuosamente. Es por lo que dice, Y lo de arriba es como lo de abajo ( 3 ). Ciertamente esta división es necesaria. Para obrar los milagros de una sola cosa. Es decir, de la Piedra, porque la parte inferior es la Tierra, que es la nodriza, el fermento, y la parte superior es el Cielo, el cual vivifica toda la Piedra, la resucita ( 4 ). Es por lo que estando realizadas la separación y la conjunción ( 5 ), muchos milagros se producen en la obra secreta de la naturaleza. 
 
CAPITULO III
La Piedra tiene en sí los cuatro Elementos
Así como todas las cosas han sido hechas, así proceden de uno por la meditación de uno. El ofrece aquí un ejemplo diciendo: como todas las cosas han sido hechas, así son salidas de uno, a saber, de un globo confuso, o de una masa confusa, por la meditación, es decir, por el pensamiento-creación de uno, esto es, de Dios Todopoderoso. También todas las cosas nacen. Es decir, salen de esta cosa única, de una masa confusa, por adaptación, es decir por el mandamiento-milagro de Dios. También nuestra Piedra nace y sale de una masa confusa, conteniendo en sí todos los Elementos, la cual ha sido creada por Dios; por su milagro nuestra Piedra es extraída y nacida ( 6 )
 
CAPITULO IV
La Piedra tiene padre y madre, que son el Sol y la Luna
Como un animal que engendra naturalmente otros muchos animales semejantes a él, así el Sol artificialmente ( 7 ) engendra el Sol por la virtud de la multiplicación de la Piedra. Por ello es por lo que se dice, Su padre es el Sol, es decir el oro de los Filósofos. Y como ocurre en todas las generaciones naturales, debe haber un lugar propio para recibir las semillas, en conformidad con una parte semejante. Así es necesario que en esta generación artificial de la Piedra, el Sol tenga una materia que sea como una matriz propia para recibir su esperma ( 8 ), su tintura. Y esta es la plata de los Filósofos. He aquí porque se dice: La Luna es la madre. 
 
CAPITULO V
La conjunción de las partes es la concepción y la generación de la Piedra
Cuando estos dos se reciben el uno al otro en la conjunción de la Piedra, la Piedra se engendra en el vientre del viento, y es esto lo que él dice a continuación: El viento la lleva en su vientre. Es sabido que el viento es aire, y que el aire es vida, y la vida es el alma, de la que he dicho más arriba que vivifica toda la Piedra. De esta manera es necesario que el viento lleve toda la Piedra, y la devuelva, y que engendre el Magisterio. Por esto se dice que él debe recibir alimento de su nodriza, a saber, de la tierra. Por ello afirma el Filósofo: La tierra es su nodriza. Porque al igual que el niño sin el alimento que recibe de su nodriza jamás crecerá, así nuestra Piedra no será efectiva sin la fermentación de la tierra; y el fermento es llamado alimento ( 9 ). Así se engendra de un padre con la conjunción de su madre, la cosa, es decir, los hijos semejantes a los padres, los cuales, si no siguen la larga cocción, serán hechos semejantes a la madre, y retendrán el peso del padre ( 10 )
 
CAPITULO VI
La Piedra es perfecta si el alma es fijada en el cuerpo
A continuación él dice, el padre de todo, el telesma del mundo, está aquí, es decir, que en la obra de la Piedra hay una vía final. Y notad que el Filósofo llama a la operación el padre de todo, el telesma, es decir, de todo el secreto o tesoro, de todo el mundo, a saber de toda Piedra que se ha encontrado en este mundo. Está aquí. Como si dijera: He aquí, yo te la muestro. Después el Filósofo dice ¿quieres que te enseñe cuándo la fuerza de la Piedra es acabada y perfecta? Cuando se convierta y cambie en su tierra. Y por esto dice: su fuerza y potencia es entera, es decir perfecta y completa, cuando se convierte y cambia en tierra ( 11 ). Es decir, si el alma de la Piedra (de la que se ha hecho mención más arriba, que el alma es llamada viento, y aire, en la que está toda la vida y la fuerza de la Piedra) es convertida en tierra, y que ella se fija de tal forma que toda la substancia de la Piedra se una con su nodriza (que es la tierra) y que toda la Piedra se encuentre y convierta en fermento. Y así como durante la elaboración del pan, un poco de levadura fermenta una gran cantidad de pasta, de esta manera cambia toda la substancia de la pasta en fermento. También quiere el Filósofo que nuestra Piedra sea hasta tal punto fermentada que ella sirva de fermento a su propia multiplicación. 
 
CAPITULO VII
La mondificación de la Piedra
A continuación el Filósofo enseña cómo la Piedra se debe multiplicar. Pero antes efectúa la mondificación (la limpieza) de ésta y la separación de las partes, diciendo: Separa la Tierra del Fuego, lo espeso de lo sutil, dulcemente y con gran cuidado. Dulcemente, es decir, poco a poco ( 12 ), no violentamente, sino con espíritu e industria (con arte), con el excremento o estiércol filosofal ( 13 ). Separarás, es decir, disolverás; porque la disolución es la separación de las partes. La Tierra del Fuego, lo espeso de lo sutil, es decir la escoria y la inmundicia del fuego, del aire y del agua, y de toda substancia de la Piedra, de manera que ella permanezca entera y sin inmundicia ( 14 )
Manuscrito iluminado carolingio, s. IX
CAPITULO VIII
La parte no fija de la Piedra debe separar la parte fija y elevarla
Así preparada, la Piedra puede entonces multiplicarse. El prepara ahora la multiplicación y habla de la sencilla licuación o fusión que ésta posee gracias a su virtud de penetrar en los cuerpos duros, diciendo: Sube de la Tierra al Cielo, y de nuevo desciende a la Tierra ( 15 ). Aquí es necesario señalar que, aunque nuestra Piedra en su primera operación se divide en cuatro partes, que son los cuatro Elementos, sin embargo (y como se ha dicho anteriormente) hay dos partes principales en ella: una que sube hacia lo alto, llamada no fija o volátil, y otra que permanece fija abajo, llamada la tierra o fermento, como ya se dijo. Pero es necesario tener una gran cantidad de la parte no fija, donándola a la Piedra cuando ésta está muy limpia y sin inmundicia, haciéndolo tantas veces como sea necesario para el Magisterio, de tal manera que la Piedra, por la virtud del espíritu, sea llevada a lo alto, sublimándola y sutilizándola. Esto es lo que dice el Filósofo: Sube de la Tierra al Cielo. 
 
CAPITULO IX
La Piedra volátil de nuevo ha de ser fijada
Después de todo esto, es necesario encerar esta misma Piedra (ya exaltada y elevada, o sublimada) con el aceite que ha sido extraído de ella en la primera operación, el cual es llamado el agua de la Piedra. Y él la hace girar repetidamente sublimándola, hasta que por la virtud de la fermentación de la Tierra (con la Piedra elevada o sublimada) toda la Piedra por reiteración desciende del Cielo a la Tierra, permaneciendo fija e íntegra. Esto es lo que dice el Filósofo: y de nuevo desciende a la Tierra. De esta manera, Ella recibe la fuerza de las cosas superiores, al sublimarse, y de las inferiores al descender; es decir, que lo que es corporal será hecho espiritual en la sublimación, y lo espiritual será hecho corporal en el descenso ( 16 )
 
CAPITULO X
Utilidad del arte y eficacia de la Piedra
Por este medio tu poseerás la gloria de todo el mundo. Es decir, que por la Piedra ya compuesta, tu poseerás la gloria ( 17 ) de todo el mundo. Y la oscuridad se alejará de ti, es decir, toda pobreza y enfermedad. Esta es la fuerza fuerte de toda fuerza. Porque no hay comparación posible de las fuerzas de este mundo con la fuerza de esta Piedra: Pues ella vencerá todo lo sutil, y penetrará todo lo sólido. Vencerá, es decir, venciendo y dominando ella cambiará y convertirá al Mercurio vivo congelándolo, él que es sutil, y penetrará a los otros metales, que son cuerpos duros, sólidos y compactos. 
 
CAPITULO XI
El Magisterio imita la creación del Universo
EL FILOSOFO ofrece un ejemplo de la composición de la Piedra al decir: de esta manera el mundo ha sido creado ( 18 ), es decir que nuestra Piedra está hecha de la misma manera como el mundo ha sido creado. Porque las primeras cosas de todo el mundo, y todo lo que está en el mundo, primeramente fueron una masa confusa y un caos sin orden, tal y como más arriba se ha explicado. Y después, gracias al artificio del soberano Creador, esta masa confusa, habiendo sido admirablemente separada y rectificada, fue dividida en cuatro Elementos; y a causa de esta separación se hacen diversas y diferentes cosas. Asimismo, se pueden hacer diversas cosas por la producción y disposición de nuestra obra, y ello por la separación de los Elementos de diversos cuerpos. Por ello, y de este modo, se obrarán aplicaciones prodigiosas. Es decir, si tu separas los Elementos, se harán admirables composiciones propias de nuestra obra, en la composición de nuestra Piedra, por la conjunción de los Elementos rectificados. De las cuales, es decir de las cosas admirables propias a ésta, el medio, a saber el procedimiento, está aquí. 
 
CAPITULO XII
Declaración enigmática de la materia de la Piedra
Por eso yo he sido llamado Hermes Trismegisto, es decir, Mercurio tres veces grande. Después de que el Filósofo ha enseñado la composición de la Piedra, él muestra aquí veladamente de qué está hecha nuestra Piedra, nombrándose en primer lugar a sí mismo, con el fin de que los discípulos que alcancen esta ciencia recuerden siempre su nombre. No obstante, él señala de qué está hecha nuestra Piedra afirmando: Pues poseo las tres partes de la Filosofía de todo el mundo ( 19 ), porque todo lo que está en el mundo, teniendo materia y forma, está compuesto de los cuatro Elementos. Aunque en el mundo hay una infinidad de cosas, el Filósofo las divide y las reduce a tres partes; en la parte mineral, vegetal y animal, y de todas en conjunto o separadamente se obtiene la verdadera ciencia, en la operación del Sol, o composición de la Piedra. Y es por esto que él dice: pues poseo las tres partes de la Filosofía de todo el mundo, y las tres contenidas en la Piedra, a saber, en el Mercurio de los Filósofos. 
 
CAPITULO XIII
Por qué la Piedra es llamada perfecta
Esta Piedra es llamada perfecta porque ella posee en sí la naturaleza de las cosas minerales, vegetales y animales. Por eso es llamada triple, o dicho de otra manera tri-una; es decir triple y única, teniendo cuatro naturalezas, es decir los cuatro Elementos y tres colores, el negro, el blanco y el rojo. También es llamada el grano de trigo, el cual si no muere permanecerá solo; y si muere (como anteriormente se ha dicho, cuando se conjuga en la conjunción) produce mucho fruto, a saber, cuando las operaciones de las que hemos hablado son acabadas. ¡Oh Amigo Lector! si tú conoces la operación de la Piedra, yo te he dicho la verdad; y si tu no la conoces, yo no te he dicho nada. Terminado y acabado está lo que he dicho de la obra del Sol. Es decir, lo que se ha dicho de la operación de la Piedra de tres colores y cuatro naturalezas, que están en una cosa única, a saber en el Mercurio filosofal, está acabada y terminada. 
 
NOTAS 
1     La traducción que utiliza Hortelano es la versión latina, que en algunos párrafos es algo distinta -aunque sin variar el sentido- a la versión árabe, que es la utilizada normalmente en todas las traducciones de la Tabla Esmeraldina, y en las que se comienza así: "En verdad, ciertamente y sin duda...". La inclusión del término 'sin mentira' reafirma aún más si cabe lo verdadero y auténtico del Arte alquímico o Gran Obra, la certeza de su origen revelado y supra-humano, pues en realidad se trata de una ciencia sagrada, y hasta podríamos decir que, junto con la Astrología, constituye la ciencia sagrada por excelencia, ya que de ambas derivan todas las demás. (R) 
2     Todo el comentario de este primer capítulo se centra en lo sumamente importante que es para el alquimista experimentar en sí mismo las operaciones de la Gran Obra (que son las propias de todo proceso auténtico de ascesis y realización espiritual), pues no basta con que dichas operaciones se entiendan sólo a nivel teórico y mental, sino que han de hacerse efectivas en la práctica: han de ser vividas. La obra alquímica no es ajena al discurso de la existencia humana, sino que muy por el contrario constituye su paradigma, al mismo tiempo que un permanente recordatorio de lo que esa existencia es en lo esencial de sí misma. En este sentido, Titus Burckhardt señala que: " 'En verdad' se refiere a la esencia de lo revelado, y 'ciertamente y sin duda' a su experiencia subjetiva". (R) 
3     Esta fórmula hermética, que "Lo de abajo es como lo de arriba, y lo de arriba como lo de abajo...", ofrece la clave y la regla a seguir en todas las operaciones alquímicas, basadas en la certeza de que el cosmos constituye un todo ordenado y jerarquizado en distintos planos y niveles, los cuales se relacionan y vinculan entre sí gracias a las leyes de las analogías y las correspondencias simbólicas. Esto hace posible que "lo de abajo" (la Tierra o el hombre) se comunique y conozca "lo de arriba" (el Cielo), para lo que es necesario que en uno exista algo del otro, es decir, que vibren en una misma frecuencia de onda. Aquí aparece también otra máxima alquímica de suma importancia para el proceso de transmutación: "lo semejante atrae a lo semejante". O dicho de otra manera, ¿cómo podría alcanzarse el Conocimiento (la Piedra Filosofal) e identificarse con él, si éste no fuera inmanente a la propia realidad del mundo y de la vida? En este sentido, en casi todos los comentarios de Hortelano, la Tierra, el mundo de la naturaleza y el propio cuerpo humano, se consideran como los recipientes que recogen las emanaciones de los efluvios celestes, reflejando así las leyes del orden y la armonía universal. Como explica Julius Evola, en el cuerpo humano "se hallan los Tres, los Cuatro, los Siete y los Doce; Azufre, Mercurio y Sal; Tierra, Agua, Aire y Fuego; los Planetas; el Zodíaco... Arte hermético es iluminar de nuevo el sentido de las analogías, restableciendo la realidad de los contactos". (R) 
4     Alusión sin duda al "rocío celeste" vivificador, el cual simboliza el descenso de las energías (las ideas y arquetipos) espirituales en el seno de la individualidad humana, a la que transmutan revelándole su identidad con lo universal. En la iconografía alquímica es frecuente representar el cuerpo inerte del alquimista yaciendo en una tumba -imagen del athanor- o en el suelo (simbolizando la muerte iniciática), el cual cobra vida -resucita- gracias a las gotas de lluvia que sobre él descienden. (R) 
5     La separación y la conjunción no son otra cosa que la 'disolución' y la 'coagulación' -solve et coagula-, que se corresponden con las dos etapas o fases que determinan todo el proceso de transmutación. A una disolución corresponde la muerte a un plano (a una concepción del mundo y de nosotros mismos), y una coagulación: el nacimiento a otro. (R) 
6     Todo este capítulo alude directamente a la operación del Fiat Lux emanado del Logos o Palabra creadora, la que extrajo el orden -el cosmos- de las tinieblas del caos primigenio. Este caos es la propia substancia indiferenciada (la 'masa confusa' de que habla Hortelano) que contiene en estado potencial y latente todas las posibilidades de manifestación, ya sea de un mundo, de un ser, o de la manifestación universal en su conjunto, y que no se actualizarán en tanto no sean fecundadas (iluminadas) por la palabra del Espíritu. Los filósofos herméticos denominan a dicho caos "nuestro caos", simbolizado por la serpiente o dragón Uroboros, el cual vendría a ser una imagen de la "Materia de obra" o "Mercurio Filosofal" del que el alquimista (el artista), imitando el gesto cosmogónico del Dios creador, extraerá su propio ordenamiento interno. (R) 
7     Léase con el "Arte de la Alquimia". En este sentido, en el contexto alquímico y tradicional, la palabra 'artificio' procede de artifex, el que trabaja con arte, siendo el artifex o artesano por excelencia el propio Dios creador, también llamado Gran Arquitecto del Universo en las tradiciones occidentales de origen artesanal. (R) 
8     Alusión al Sol como el Logos spermatikós de los filósofos y alquimistas alejandrinos. El Sol -el oro filosofal- se asimila así al Espíritu del Mundo vivificador, en tanto que la Luna -la plata filosofal- simboliza el Alma del Mundo o matriz cósmica. En este sentido, en la Alquimia tántrica hindo-budista el Sol se corresponde con el dios Shiva, y la Luna con la Shakti (o potencia) del mismo, es decir con su Mujer. Se trata por tanto de la pareja arquetípica, del macho y de la hembra primordiales, de cuya unión o 'coito' perpetuo nacen todos los mundos, seres y cosas que constituyen la manifestación universal. En el hombre la unión del alma regenerada con su principio supra-individual (el espíritu) da lugar al andrógino, y al cual se refieren los alquimistas cuando hablan "de dos naturalezas y una sola esencia". (R) 
9     El fermento o alimento del Espíritu (de nuestro ser interno) es la propia fuerza, o voluntad de poder (esto es, el amor, entendido por lo más alto) que él mismo engendra al fecundar al alma o psiqué. Esto mismo tal vez tenga relación con lo que decía José de Maistre: "Goza la inteligencia con todo aquello que la revela". (R) 
10     El secreto de la obra reside en el equilibrio de las dos energías cósmicas que en la Alquimia reciben el nombre de azufre y mercurio, sometidas ambas a las influencias solares y lunares (y terrestres), respectivamente. La una es masculina y la otra femenina, y, como hemos señalado anteriormente, la conjunción o la adaptación mutua (representada por el 'casamiento alquímico' del Rey -el Sol- y de la Reina -la Luna-, seguido de una disolución y una muerte recíproca) genera el andrógino o rebis, esto es, el "Hijo de la Filosofía". (R) 
11     A la doble operación consistente en "fijar lo volátil y volatilizar lo fijo" aluden los textos alquímicos cuando dicen que el secreto de la obra consiste en "espiritualizar el cuerpo y corporeizar el espíritu", máxima que indica que cuando el influjo del Espíritu 'desciende' (promovido y atraído gracias al reiterado y prolongado proceso ritual de cocción, fermentación, destilación y sublimación llevado a cabo en el interior del athanor de la conciencia) éste 'fija' o 'coagula' todos los estados del ser, a los que actualiza haciéndolos permanentes. Dicha coagulación está sugerida por el propio cuerpo ('el cuerpo como realidad interna', al decir de Burckhardt), pues pese a su efímera existencia, éste constituye un todo acabado, un pequeño cosmos, motivo por el cual en los textos alquímicos siempre se le ha considerado como una imagen sensible y un símbolo vivo de la Piedra Filosofal. En el simbolismo constructivo (tan vinculado con la simbólica alquímica) La Piedra Filosofal es idéntica en cuanto a su significado a la "piedra angular" que corona todo el edificio, esto es, toda la 'obra'. Lo mismo podríamos decir de la "piedra cúbica en punta" del simbolismo masónico. Por otro lado, los alquimistas han dejado escrita esta otra sentencia plena de significado, y que guarda relación con lo que estamos diciendo: "Si declaramos espiritual nuestra materia, es verdad; si la declaramos corporal, no mentimos. Si la llamamos celeste, es su verdadero nombre. Si la denominamos terrestre, hablamos con propiedad". (R) 
12     Los alquimistas aconsejaban la virtud de la paciencia en todas las operaciones, añadiendo que "toda precipitación procede del diablo". (R) 
13     Los excrementos o estiércol son términos que designan la fase de la 'putrefacción' u 'obra al negro', durante la cual el alquimista muere a su condición profana para renacer a la vida nueva, simbolizada a su vez por la 'obra al blanco'. A esto mismo se refieren las palabras de San Pablo: "Sembrado en la corrupción resucitará en la Gloria". (R) 
14     Como podemos comprobar, todo el comentario a este capítulo gira alrededor de la necesaria e imprescindible rectificación o limpieza contenida en los distintos elementos: tierra, agua, aire y fuego, los cuales, siendo cuatro estados de la materia física, y progrediendo del más denso al más sutil, simbolizan otros tantos estados del alma. El resultado de la rectificación es la obtención de la Piedra Filosofal, tal y como queda indicado en el acróstico alquímico V.I.T.R.I.O.L., "Visita (o desciende) al Interior de la Tierra (de ti mismo) y Rectificando Encontrarás la Piedra Oculta". Precisamente, la Piedra Oculta se identifica también con la "quintaesencia", simbolizada por el éter, del cual surgen los diferentes elementos por adaptación en un movimiento centrífugo y expansivo, del 'interior' al 'exterior', y a ella retornan cuando han cumplido su ciclo de manifestación en un movimiento centrípeto y concentrativo (coagulador), o del 'exterior' al 'interior'. En realidad, con todo esto lo que se quiere decir es que la Piedra Filosofal -la quintaesencia- estaba ya al comienzo y al final de todo el proceso, y que la idea de una elaboración, de una búsqueda, y una obtención de la misma tendría que ver más con el hecho de 'despertar' la memoria y recordar (en el sentido de la 'reminiscencia' platónica) lo que uno mismo y las cosas son y siempre han sido. En este sentido, un texto alquímico asegura: "He aquí que os declaro lo que es desconocido: la Obra está con vosotros y en vosotros: si la halláis en vosotros, donde está continuamente (el subrayado es nuestro), la poseeréis también siempre, allí donde vosotros estéis". A esto se refiere igualmente la expresión de la Tabla de Esmeralda: "El padre de todo, el Telesma del mundo, está aquí". (R) 
15     Referencia al hombre regenerado por el Arte como el intermediario entre el Cielo y la Tierra. Ubicado en el centro de sí mismo, es decir, habiendo recuperado el estado andrógino, el alquimista, como el chamán, asciende y desciende por la escala de los mundos, pues como decía Pernety "el hombre (regenerado) participa de las virtudes y propiedades de todos los seres". El conoce las cosas del mundo superior y del mundo inferior, ya que su naturaleza andrógina participa de los dos, de ahí que como intermediario entre uno y otro establezca su mutua comunicación. Pero en 'Sí mismo', esta distinción entre superior e inferior, como cualquier otra distinción, desaparece para dar lugar a la Unidad del Todo. "Uno el Todo" decían los maestros herméticos, lo que metafísicamente (es decir esencialmente) significa que el Ser -la Unidad- y su manifestación -el Todo- son una 'sola y misma cosa'. (R) 
16     Ver capítulo VI y nota 11. (R) 
17     En vez de 'gloria' en la versión común aparece la palabra 'luz', pero el significado viene a ser el mismo en ambos casos. Se trata de la Luz del Espíritu, de su Inteligencia creadora, que es "la luz verdadera que, viniendo a este mundo, ilumina a todo hombre", como se dice en el prólogo del Evangelio de San Juan. "Poseerás la gloria, o la luz, de todo el mundo", vendría a significar que el Conocimiento se habrá realizado de manera efectiva en él (es decir, que el hombre, restituido a su verdadera identidad, es ese mismo Conocimiento), alejándose "toda oscuridad y tinieblas". (R) 
18     La traducción árabe es quizá más clara y completa a este respecto, pues en lugar de "así el mundo ha sido creado", se dice: "Por tanto, el mundo pequeño está hecho a semejanza del grande". Vuelve a aparecer aquí la analogía entre lo de "arriba y lo de abajo", entre el macro y el microcosmos, el universo y el hombre. (R) 
19     Las "tres partes de la Filosofía (Sabiduría) de todo el mundo" alude sin duda alguna al conocimiento de los tres mundos, la Tierra, el Mundo Intermedio y el Cielo, los que conforman la estructura cósmica. Estos tres mundos se relacionan con las tres fases principales de la Gran Obra, simbolizadas por los tres colores alquímicos: el negro, el blanco y el rojo. La cuarta parte restante sería el dominio de lo inmanifestado, de lo supra-cósmico y lo innombrable. Por otro lado, en este comentario aparece claramente la función que Hermes Trismegisto se atribuía a sí mismo, y que servirá de modelo ejemplar a sus sucesores, los cuales, como Hortelano, han sido los transmisores y los mensajeros de la Filosofía y la Cosmogonía Perennes, expresadas tras el lenguaje velado, y revelador, de los símbolos hermético-alquímicos. (R) 
 
Bibliografía: 
    Titus Burckhardt, Alquimia
    Julius Evola, La Tradición Hermética
    René Guénon, Símbolos Fundamentales de la Ciencia Sagrada
     
 

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